Noticias: Jubelo, Jubela y Jubelum
(Categoría: Planchas y Trazados)
Enviada por alexperezalm
Monday 29 April 2019 - 15:48:25

Los nombres de los asesinos de Hiram, Jubelo, Jubela y Jubelum, son igualmente de raigambre astronómica. Mientras el Sol alcanza su solsticio de verano en Libra, en la parte oculta del Zodíaco se encuentra un triángulo de estrellas que materializan la conspiración contra el Sol y que a partir de ese momento comenzarán a elevarse hasta llegar a su mayor altura en el momento del solsticio de invierno THE WINTER IS COMING, muerte de Hiram: Zuben-hak-Rabi, cuya deformación fonética dará Jubelum Abiram, Zuben-el-Gubi, que deribará en Jubelo Gibbs, y Zuben-Es-Chamali, que se deformará en Jubela Gravelot (la deformación fonética en el contexto ágrafo de la Masonería es habitual: Pitágoras suele aparecer como Peter Gower).

Con el fin de encontrar el cuerpo del Maestro se envían a doce Compañeros a buscarle. Estos doce Compañeros son ahora las Híades y las Pléyades, estrellas entre las que se encuentra el Sol cuando empezaba a renacer en Tauro. El perro que en la tradición antigua guía a nueve de ellos a la tumba no es más que Sirio, la Estrella Perro que se encuentra al sur de las Pléyades. Los grados del R.E.A.A. Elegido de los Nueve y Elegido de los Quince deben también su nombre a estas constelaciones.

Según la leyenda, Hiram Abif fue un hábil artesano enviado desde la región de Tiro para trabajar en el Templo del Rey Salomón. Con el tiempo se convirtió en el único conocedor de los secretos de los maestros masones, entre los cuales se hallaba la palabra secreta masónica.
La tradición ocultista afirma que saber el nombre de una deidad equivale a poseer su poder. De ahí que se supusiera que Abif manejaba el poder de Yahvé y, por ello poseyera muchos otros secretos que, una vez finalizada la construcción del templo, pasarían a los otros artesanos, que se convertirían a su vez en maestros masones.

Cuentan que, llegado el mediodía, el insigne arquitecto tenía la costumbre de ir al Sancta Sanctorum para orar a Yahvé y planificar las obras del día siguiente. Uno de esos días, al terminar sus oraciones, Hiram Abif, se topó con el desagradable final de su historia de modo inesperado.
Saliendo por la puerta sur del templo, Jubela, uno de sus aprendices, le flanqueó el paso estando armado con una especie de regla vertical. Le conminó a que le revelara sus secretos. Abif no perdió el aplomo ante la clara amenaza de muerte a la que se enfrentaba y furioso, Jubela enarboló la regla y asestó un golpe en la sien derecha a su maestro, que dobló la rodilla por el impacto, aunque pudo alcanzar la puerta occidental donde, desafortunadamente, no fue ayuda lo que encontró.

Allí, en esa escena, estaba Jubelo, otro de sus aprendices, quien también le propinó un golpe, en este caso en la sien izquierda, haciéndolo doblar la rodilla del mismo lado. Arrastrándose y perdiendo grandes cantidades de sangre, Abif llegó a duras penas a la puerta oriental donde fue rematado por Jubelum, que usó una gran maza de piedra para aplastarle la frente.

No les quedó otra salida a los tres asesinos que ocultar el cuerpo del arquitecto para evitar la ira del rey Salomón y escapar del país para no ser descubiertos. Escondieron provisoriamente el cuerpo de Hiram Abif bajo unos cascotes y al llegar la medianoche lo trasladaron a la cima de una colina para enterrarlo. La sepultura fue señalizada con una rama de acacia y hecho esto, los criminales intentaron darse a la fuga. Sin embargo, no tuvieron éxito porque no consiguieron que ningún barco los sacara del país y tuvieron que guarecerse en los montes.
Mientras tanto, la ausencia de Abif llegó a oídos del rey Salomón que envió a varias personas a buscarle. La gravedad de la situación hizo que la verdad tardara poco en aflorar gracias al testimonio de doce trabajadores del templo que confesaron al rey que ellos y otros tres más (Jubela, Jubelo y Jubelum) habían conspirado para arrancar los secretos masónicos a su maestro.

En el último momento habían dado marcha atrás, pero supusieron que los otros no. Agradecido por su honestidad, el rey los envió en grupos de tres para buscar el cuerpo de Hiram Abif.

Tras varias semanas de búsqueda dieron con los restos del arquitecto e informaron a Salomón de su hallazgo. Éste les ordenó levantar el cadáver de la sepultura mediante el «apretón de manos de un aprendiz», correspondiente al Primer Grado de la Masonería. Al fracasar en su intento, el rey les dijo que probaran el «apretón de manos de un artesano compañero» del Segundo Grado, pero tampoco lo consiguieron. Finalmente, el mismo Salomón se presentó en el lugar donde yacía Abif para levantarlo con el «apretón de manos de un maestro masón» del Tercer Grado. Gracias a ello, no sólo pudo levantarse el cuerpo, sino que sorpresivamente la vida regresó a él de nuevo.
La primera palabra que pronunció en su nuevo estado, fue recogida por los masones y utilizada en sustitución de la perdida con su muerte. Desde entonces ha sido trasmitida de generación en generación hasta la actualidad. Muchos historiadores y escritores masones enmarcan la historia de Hiram Abif dentro del mito, mientras que otros están convencidos de su autenticidad.

En lo particular QQHH:. La historia de Abif no es más que la enseñanza de que la orden siempre es maravillosa y perfecta, que los que cometemos errores somos nosotros, la masonería busca filtrar lo mejor posible a sus iniciados pero en algún momento algo de la cosecha sale mal, así pues que no podemos dejarnos llevar por un mal momento, por un QH:. Que pueda inclusive ser para nosotros algunos de los Juwes, porque de seguro pasará y no solamente una vez, parte de ser un maestro es saber seguir adelante con la disciplina y la firmeza que lleva este camino, que no es más que para hacer de nosotros mismos alguien mejor cada día, sino para también hacer por los que nos rodean lo mejor que esté a nuestro alcance, nutrirnos de conocimiento es el remedio a la ignorancia, no podemos pretender que al QH:. De al lado le guste la misma música, los mismos temas, incluso la misma creencia, tu VITRIOL no es igual a otros, nada en la orden se siente igual para todos, recuerda que tu lealtad, tu riqueza interna, y lo lejos que quieras llegar y con esto no me refiero al grado que se alcance, solamente lo decide cada uno de nosotros, no hay responsable ni número en un diploma que te haga mejor o peor mason, la vida no gira alrededor a la masonería, tan sencillo es como que compartimos vida con ella y nos adopta para ser mejores personas, la sabiduría no la determina cuantos libros hayas leído sino cuanto realmente has aprendido de ellos y de la vida, cuanto estas dispuesto a dar, siempre hay quien sabrá más de algo que nosotros, alguien siempre será un maestro así sea un aprendiz, si no entendéis eso QH:. Lamento decirte que entonces puedes que seas uno de los Juwes.

Q:.H:. C:.M:. Luis Hernández.



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